sábado, 30 de julio de 2011

Juan Pablo II y las sectas proselitistas

Juan Pablo II y las sectas

may 03, 2011 con Comentarios 2

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1. Juan Pablo II: el Papa que ha hablado con más valentía sobre las sectas.

2. El desafío de las sectas a la pastoral, en las visitas ad limina de los obispos.

3. Juan Pablo II y la preocupación por el proselitismo sectario entre los emigrantes.

4. El desafío de las sectas en diversos aspectos de la vida de la Iglesia, según Juan Pablo II.

1. Juan Pablo II: el Papa que ha hablado con más valentía sobre las sectas.

FUENTE: Fundación SPES

Recogemos sus principales intervenciones, gracias sobre todo al trabajo del también fallecido José María Baamonde, psicólogo argentino y uno de los fundadores de la RIES que realizó sus principales investigaciones y publicaciones sobre el tema de las sectas en la época del Papa polaco. De Baamonde es, precisamente, la reflexión que sigue, tomada de uno de los cursos que impartía en la Fundación SPES, de Buenos Aires, que él mismo fundó y dirigió.

El Papa que habló sobre sectas

No ha existido ningún otro Pontífice que haya hablado, con tanta valentía sobre un tema que, a raíz de lo complejo y urticante, no pocos prefieren callar. En razón de la imposibilidad de incluir todas las manifestaciones, hemos seleccionado los textos y párrafos más relevantes, razón por la que sugerimos en una segunda instancia, la lectura de los documentos en su integridad.

Especial importancia tiene el mensaje dirigido al tercer grupo de obispos norteamericanos, en su visita ‘ad limina’ el 18 de mayo de 1993, donde S.S. Juan Pablo II hace alusión a un tema de grave consideración, como lo es el de la penetración de ideas y conceptos de la New Age o Nueva Era “en la predicación, la catequesis, los congresos y retiros”, llegando “a influir incluso en los católicos practicantes”.

También es digno de resaltar por la riqueza del contenido y orientaciones, el mensaje que el Papa con motivo de la Jornada Mundial del Emigrante, diera el 25 de julio de 1990. En el mismo, el Pontífice se refiere exclusivamente al fenómeno de las sectas y Nuevos Movimientos Religiosos, y menciona las diversas realidades por las que atraviesan los emigrantes, realidades estas, que muchas veces facilitan la adhesión a no pocos movimientos de características sectarias.

El nuestro [Argentina] es un país donde los emigrantes están a la orden del día: personas que emigran a nuestras tierras, provenientes de variados países; personas que emigran del interior a las grandes ciudades; y personas nativas de las grandes ciudades que no emigran, pero por las características alienantes de las megalópolis, viven como tales en sus propias ciudades.

Si bien las palabras del Papa, con que iniciamos esta entrega fueron dirigidas a los obispos, consideramos que no sólo a ellos los alcanza, sino a todo el Pueblo de Dios. Sus palabras deben ser también una inquietud pastoral para todos nosotros frente a este nuevo desafío, ya que no son pocos los católicos que por desconocimiento, están experimentando un fenómeno de doble pertenencia. Es decir, practican la fe católica y al mismo tiempo, participan de movimientos o prácticas nuevaeristas.

No sólo los obispos sino todos los bautizados debemos asumir una responsabilidad, un testimonio y un compromiso. Responsabilidad frente a la propia formación en la fe, su profundización constante y obediencia al Magisterio; testimonio de vida frente a lo que implica dicha formación, sin temerle a llegar a ser signo de contradicción ante una sociedad que propugna supuestos valores, concepciones y disciplinas que se contradicen con la fe; y compromiso ante la problemática, aunque ello implique perder algún dinero, por no vender ciertos libros o alquilar una dependencia católica para que se promocionen grupos nuevaeristas, o no caer simpáticos, por orientar y esclarecer en la Verdad.

2. El desafío de las sectas a la pastoral, en las visitas ad limina de los obispos.

Discurso de S.S. Juan Pablo II, a los obispos de Bolivia en su viaje pastoral

L’Osservatore Romano, 21 (1988), p. 10.

“Me alegra profundamente poder comprobar personalmente la religiosidad del pueblo boliviano, que espera y necesita nuestra guía doctrinal, para poder purificar y consolidar en la verdad sus sinceras y hondas creencias religiosas, así mismo necesita nuestras orientaciones para saber cómo actuar y defenderse frente a la actividad proselitista de las sectas, que en tiempos recientes, se están multiplicando en Bolivia; dichas sectas de corte fundamentalista están sembrando confusión en el pueblo, y por desgracia pueden diluir muy pronto la coherencia y la unidad del mensaje evangélico”.

Discurso de S.S. Juan Pablo II, a los obispos del Perú en su visita ad limina

L’Osservatore Romano, 23 (1988), pp. 21 y 32.

“Veo que en los diversos países de América Latina el problema número uno es, cada vez más, el problema de las sectas, algunos Obispos han manifestado una opinión muy pesimista de cara al futuro, yo no puedo permanecer indiferente ante estas opiniones pesimistas”.

“Esto debe constituir un motivo más de preocupación pastoral, que nos lleva a plantear y realizar una acción evangelizadora, para la cual se necesitan agentes de pastoral convenientemente formados e imbuidos de gran espíritu apostólico”.

Discurso de S.S. Juan Pablo II, a los obispos de Zaire en su visita ad limina

L’Osservatore Romano, 48 (1988), pp. 21 y 32.

“Habéis aludido a la proliferación de las sectas y a su acción corrosiva. Las razones son sin duda múltiples. El hecho constituye para la Iglesia una seria interpelación, invitando a desarrollar la formación catequética de los fieles y de comunidades eclesiales ricas, puesto que los que son tentados por las sectas, buscan probablemente una respuesta simple o sincretista a sus interrogantes y un sostenimiento caluroso, que pertenece al orden de la caridad”.

Discurso de S.S. Juan Pablo II, a los obispos de la Conferencia Episcopal Mexicana

Lago Guadalupe, México, 12 de mayo de 1990 – L’Osservatore Romano, 34 (1990), p. 1.

“Tampoco hay que descuidar el grave problema de los ‘nuevos grupos religiosos’, que siembran confusión entre los fieles, especialmente en los ambientes medios y marginales o pobres. Sus métodos, sus recursos económicos y la insistencia de su labor proselitista hacen impacto, sobre todo, entre quienes emigran del campo a la ciudad”.

Discurso de S.S. Juan Pablo II, a los obispos argentinos en su visita ad limina

AICA Doc 230, AICA nº 1779 (1991), pp. 2/6.

“Con paciencia, con pedagogía paternal, mediante un itinerario catequístico permanente, a través de misiones populares y otros medios de apostolado, ayudad a esos fieles a madurar en su conciencia de pertenecer a la Iglesia y a descubrirla como su familia, su casa, el lugar privilegiado de su encuentro con Dios”.

“Son precisamente esas multitudes que conservan la fe de su bautismo, pero probablemente debilitada por el desconocimiento de las verdades religiosas y por una cierta ‘marginalidad’ eclesial, las más vulnerables ante el combate del secularismo y del proselitismo de las sectas (…). La presencia de las sectas, que actúan especialmente sobre estos bautizados insuficientemente evangelizados o alejados de la práctica sacramental, pero que conservan inquietudes religiosas, ha de constituir para nosotros un desafío pastoral al que será necesario responder con un renovado dinamismo misionero”.

Mensaje de S.S. Juan Pablo II, en su segundo viaje apostólico a Brasil

Brasil, octubre de 1991 – Citado por URREA, JUAN C., Los NMR en América Latina, Ed. Paulinas, Chile 1992, p. 62.

“Sé bien que la promoción de estas sectas y grupos cuenta con fuertes recursos económicos y que su predicación seduce al pueblo con falsos espejismos, engaña con simplificaciones torcidas y siembra confusión, sobre todo en los más sencillos que han recibido escasa instrucción religiosa”.

“Es importante pues, que vuestra pastoral, sepa ocupar los espacios en los que actúan esas sectas, despertando en el pueblo la alegría y el santo orgullo de pertenecer a la única Iglesia de Cristo, que subsiste en nuestra santa Iglesia Católica”.

Discurso de S.S. Juan Pablo II, al tercer grupo de obispos de los EE.UU. en su visita ad limina

Palabra, 343/4, Madrid, agosto 1993, p. 129.

“Mientras sigue avanzando la secularización de muchos aspectos de la vida, hay una nueva demanda de espiritualidad, como lo muestra la aparición de muchos movimientos religiosos y terapéuticos, que pretenden dar una respuesta a la crisis de los valores de la sociedad occidental. Esta inquietud del homo religiosus produce algunos resultados positivos y constructivos, como la búsqueda de un nuevo significado de la vida, una nueva sensibilidad ecológica y el deseo de ir más allá de una religiosidad fría y racionalista. Por otra parte, este despertar religioso trae consigo algunos elementos muy ambiguos, incompatibles con la fe cristiana.

Muchos de vosotros habéis escrito cartas pastorales sobre los problemas que presentan las sectas y movimientos pseudorreligiosos, incluido el llamado New Age. Las ideas de la New Age a veces se abren camino en la predicación, la catequesis, los congresos y los retiros, y así llegan a influir incluso en los católicos practicantes, que tal vez no son conscientes de la incompatibilidad de esas ideas con la fe de la Iglesia.

En su perspectiva sincretista e inmanente, estos movimientos pararreligiosos prestan poca atención a la Revelación, más bien, intentan llegar a Dios a través del conocimiento y la experiencia, basados en elementos que toman prestados de la espiritualidad oriental y de técnicas psicológicas. Tienden a relativizar la doctrina religiosa a favor de una vaga visión del mundo, que se expresa mediante un sistema de mitos y símbolos revestidos de un lenguaje religioso. Además proponen a menudo una concepción panteísta de Dios, incompatible con la Sagrada Escritura y la tradición cristiana. Reemplazando la responsabilidad personal de nuestras acciones frente a Dios con un sentido del deber frente al cosmos, tergiversando así el verdadero concepto de pecado y la necesidad de la redención por medio de Cristo”.

Discurso de S.S. Juan Pablo II, al primer grupo de obispos argentinos en su visita ad limina

AICA Doc 328, AICA nº 1990 (1995), pp. 67/71.

“La ignorancia religiosa y la deficiente asimilación vital de la fe, que se derivan de una catequesis insuficiente o imperfecta, dejarían a los bautizados inermes frente a los peligros reales del secularismo o del proselitismo de las sectas fundamentalistas, con el consiguiente riesgo de que estos reemplacen las valiosas y sugestivas expresiones cristianas de la piedad popular”.

“Otro fenómeno de nuestra cultura contemporánea es que, mientras continúa avanzando la secularización de muchos aspectos de la vida, se percibe también una nueva demanda de espiritualidad, expresión de la condición religiosa del hombre y signo de su búsqueda de respuestas a la crisis de valores de la sociedad occidental”.

“Hay que tener presente, sin embrago, que no faltan desviaciones que han dado origen a sectas y movimientos gnósticos o pseudorreligiosos, configurando una moda cultural de vastos alcances que, a veces, encuentra eco en amplios sectores de la sociedad y llega incluso a tener influencia en ambientes católicos.

Por eso, algunos de ellos, en una perspectiva sincretista, amalgaman elementos bíblicos y cristianos con otros extraídos de filosofías y religiones orientales, de la magia y de técnicas psicológicas. Esta expansión de las sectas y de nuevos grupos religiosos que atraen a muchos fieles y siembra confusión e incertidumbre entre los católicos es motivo de inquietud pastoral”.

3. Juan Pablo II y la preocupación por el proselitismo sectario entre los emigrantes.

FUENTE: Fundación SPES

Mensaje de S.S. Juan Pablo II, en la Jornada Mundial del Emigrante

Vaticano, 25 de julio de 1990 – L’Osservatore Romano, 34 (1990), pp. 1-2.

Quisiera reflexionar junto con vosotros con ocasión de la Jornada mundial del Emigrante sobre un problema que está resultando cada vez más preocupante: el peligro a que están expuestos muchos emigrantes, de perder su propia fe cristiana por causa de sectas y de nuevos movimientos religiosos que proliferan sin cesar. Algunos de estos grupos se definen cristianos; otros se inspiran en religiones orientales; y otros hacen referencia a ideologías, por lo común revolucionarias, de nuestro tiempo.

Aunque resulte difícil descubrir una línea de contenidos comunes en todos ellos, sí es posible trazar su tendencia general. En estos movimientos la salvación suele ser considerada, por lo general, como algo exclusivo de un grupo minoritario, guiado por personalidades superiores, que creen tener una relación privilegiada con un Dios cuyos secretos pretenden conocer sólo ellos. También la búsqueda de lo sagrado presenta contornos ambiguos. Para algunos se trata de un valor superior, hacia el que el hombre tiende sin poder jamás alcanzarlo; para otros, en cambio, está situado en el mundo de la magia, y buscan atraerlo a su propia esfera para manipularlo y reducirlo a su propio servicio.

Las sectas y los nuevos movimientos religiosos plantean hoy a la Iglesia un gran desafío pastoral tanto por el malestar espiritual y social en el que hunden sus raíces, como por las instancias religiosas de las que son instrumentos. Esas instancias, sacadas del contexto de la doctrina y de la tradición católica, con frecuencia son llevadas a conclusiones muy lejanas de las originarias.

El difundido milenarismo, por ejemplo, evoca las temáticas de la escatología cristiana y los problemas relativos al destino del hombre; querer dar respuestas de carácter religioso a cuestiones políticas o económicas revela la tendencia a manipular el verdadero sentido de Dios, llegando de hecho a excluir a Dios de la vida de los hombres; el celo casi agresivo con que algunos buscan nuevos adeptos yendo de casa en casa o deteniendo a los transeúntes en las esquinas de las calles, es una falsificación sectaria del celo apostólico y misionero; la atención que se presta al individuo y la importancia que se atribuye a su aportación a la causa y al desarrollo del grupo religioso, además de responder al deseo de valorar la propia vida sintiéndose útiles a la comunidad a la que pertenecen, constituye una expresión desviada del papel activo propio de los creyentes, miembros vivos del Cuerpo de Cristo, llamados a trabajar por la difusión del reino de Dios.

De hecho, la expansión de las sectas y de los nuevos movimientos religiosos concentra sus esfuerzos en algunos sectores estratégicos: entre estos están las migraciones. Por la situación de desarraigo social y cultural, y por la inestabilidad en que se hallan, suelen ser presas fáciles de métodos insistentes y agresivos. Excluidos de la vida social del país de origen, extraños a la sociedad en que se insertan, obligados a menudo a moverse fuera de un ordenamiento objetivo que defienda sus derechos, los emigrantes pagan la necesidad de ayuda y el deseo de salir de la marginación, en la que están confinados de hecho, con el abandono de su fe.

Es un precio que ningún hombre respetuoso de los derechos humanos debería pedir o aceptar. Al emigrante no sólo se le hiere en su dignidad humana, sino también en su positiva y respetuosa colocación en el ambiente social que lo acoge. Y, desde luego, no dan muestra de honradez y sensibilidad aquellos que, aún teniendo el deber de aliviar en el emigrante el trauma y la desorientación causados por el impacto con un mundo extraño a la propia cultura, se acercan a él en un momento de profundo malestar para engañarlo e instrumentalizarlo.

Los puntos débiles en que se apoyan los nuevos movimientos religiosos son la inestabilidad y la incertidumbre. En ellos basan su estrategia de acercamiento. Se trata de un conjunto de atenciones y de servicios prestados para hacer que el emigrante abandone su fe y se adhiera a una nueva propuesta religiosa. Presentándose como los únicos poseedores de la verdad, afirman la falsedad de la religión que el emigrante profesa y le piden que dé un cambio de ruta brusco e inmediato. Se trata, evidentemente, de una verdadera agresión moral, de la que no es fácil escapar con buenas maneras, pues su ardor e insistencia son agobiantes.

Las enseñanzas de las sectas y nuevos movimientos religiosos, se opone a la doctrina de la Iglesia Católica; por eso, la adhesión a ellos significa renegar de la fe en que habéis sido bautizados y educados. El evangelio, al mismo tiempo que nos exhorta a ser sencillos como palomas, nos invita también a ser prudentes y astutos como serpientes. La misma vigilancia que ponéis cuando están en juego vuestros asuntos materiales, con el fin de no ser víctimas de los engaños de quienes quieren aprovecharse de vosotros, debe guiaros para no caer en la red de las asechanzas de quien atenta contra vuestra fe.

“Mirad que no os engañe nadie -nos advierte el Señor-. Vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo ‘yo soy’, y engañarán a muchos… Si alguno os dice: ‘Mirad, el Cristo aquí’. ‘Miradlo allí’, no le creáis. Pues surgirán falsos profetas” (Mc 13, 6. 21-22). Y también nos dice: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis” (Mt 7, 15-16).

Otros motivos que pueden llevar a acoger las proposiciones de esos nuevos movimientos religiosos son la poca coherencia con que algunos bautizados viven su compromiso cristiano, y también el deseo de una vida religiosa más fervorosa, que se espera experimentar en una determinada secta, cuando la comunidad que se frecuenta está poco comprometida.

Pero se trata de un engaño. Del malestar interior antes mencionado se sale, de hecho, mediante una verdadera conversión, según el evangelio, y no afiliándose irreflexivamente a esa clase de grupos, adoptando ritos religiosos que ocultan con el ruido de las palabras la apatía del corazón. Por eso hace falta una seria renovación espiritual y una coherente adhesión a la voluntad de Dios, al seguimiento de Cristo; es una desviación el limitarse a cumplir algún mandamiento aislado y extravagante, del que hace depender el propio destino de vida o de muerte.

(…) Los aspectos de inestabilidad, en los que se apoyan las sectas y los movimientos religiosos para tender acechanzas a la fe del emigrante, deben constituir para la Iglesia motivos para dar prioridad a la atención y a la asistencia al emigrante. Los servicios, que a menudo suele pagar con la renuncia a su fe, se los debe prestar la Iglesia con solicitud gratuita, alegre de poder prestar un servicio a Cristo mismo.

Así como Jesús es la imagen transparente del amor del Padre, de igual modo la Iglesia debe ser imagen de la ternura del Redentor; por eso, debería ser evidente que la comunidad, a la que llega el emigrante, es una comunidad capaz de acoger y amar. La comunidad de los que creen en Cristo no ha de mostrar nunca el rostro triste de quien se siente estorbado en sus compromisos y proyectos diarios, sino que ha de manifestar el rostro alegre de quien ha descubierto a Cristo, esperado y reconocido en el extranjero (…).

Queridos emigrantes: ‘Manteneos firmes en la fe, sed hombres, sed fuertes’ (1 Co 16,13). La exhortación del Apóstol Pablo es un eco de las palabras del Señor que nos invita a construir nuestra propia existencia sobre la roca sólida que es él mismo. Jesús, Hijo de Dios, nos asegura la salvación. Sólo quien está firmemente enraizado en él puede dar frutos que resistan al desgaste de todas las modas, incluidas las de las sectas religiosas.

La gratitud hacia el don de Dios, manifestada mediante la respuesta de una vida cristiana coherente, atrae sobre vosotros otros dones de comunión con él y de perseverancia en vuestro fiel compromiso cristiano. ‘El que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él’ (Jn 14,21) y ‘a todo el que tiene se le dará y le sobrará’ (Mt 25,29). Cuanto más os adentréis en el camino de la vida cristiana, tanto más os pondréis al abrigo de las acechanzas que atentan contra vuestra fe.

4. El desafío de las sectas en diversos aspectos de la vida de la Iglesia, según Juan Pablo II.

FUENTE: Secretaría RIES

Publicamos ahora, de forma inédita, la recopilación de todas las referencias que hizo Juan Pablo II al fenómeno de las sectas y que no fueron recogidas en el repertorio de José María Baamonde (por la fecha posterior a su elaboración, o por tratarse de otros documentos diferentes a los discursos a obispos). La recopilación la ha hecho Luis Santamaría, miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), empleando los archivos informáticos de la Santa Sede.

Discurso de S.S. Juan Pablo II a la Conferencia Episcopal de Camerún, en su viaje a África (agosto de 1985)

“La evangelización debe profundizarse sobre todo en vuestros bautizados. La formación en la fe –como reconocen muchos adultos, especialmente los intelectuales– con mucha frecuencia se ha mantenido en estado embrionario, y las sectas se aprovechan fácilmente de esta ignorancia. Sin embargo, conozco vuestra preocupación, y felicito las iniciativas que habéis adoptado para tratar de remediarlo: catequesis, manuales de catecismo, encuentros y, sobre todo, el apostolado de la Biblia. Lo que está en juego no es solamente un aumento de las nociones religiosas, siempre necesarias, sino el hecho de impregnar la mentalidad y las costumbres”. [Traducción propia del italiano]

Homilía de S.S. Juan Pablo II en el encuentro con los indígenas de Colombia (julio de 1986)

“La piedad popular debe ser instrumento de evangelización y de liberación cristiana integral; de esa liberación de que están sedientos los pueblos de América Latina, conscientes de que sólo Dios libera plenamente de las esclavitudes y de los signos de muerte presentes en nuestro tiempo (cf. Dominum et Vivificantem, 57).

Pero observamos, por otro lado, que una religiosidad popular mal concebida tiene sus límites y está expuesta a peligros de deformación o desviaciones. En efecto, si esta piedad quedara reducida solamente a meras manifestaciones externas, sin llegar a la profundidad de la fe y a los compromisos de caridad, podría favorecer la entrada de las sectas e incluso llevar a la magia, al fatalismo o a la opresión, con grandes peligros para la misma comunidad eclesial (Evangelii Nuntiandi, 48).

El llamado “catolicismo popular”, la misma piedad popular, son realmente auténticos cuando reflejan la comunión universal de la Iglesia, con manifestaciones de una misma fe, un mismo Señor, un mismo Espíritu, un mismo Dios y Padre.

Os invito, pues, amados hermanos, sobre todo los que os habéis comprometido en las tareas catequísticas y apostólicas, a no cejar en vuestro empeño por evangelizar las masas, tal vez propensas a conformarse con un catolicismo débil o superficial; trabajad por revitalizar los movimientos apostólicos, renovando su espiritualidad, sus actitudes y sus líneas de acción misionera sin fronteras; por enriquecer las prácticas piadosas infundiéndoles auténtico espíritu bíblico y eclesial; por hacer que la liturgia —realizada siempre según las normas de la Iglesia— sea el centro y culmen de la vida comunitaria. […]

Con vuestra fidelidad constante a la fe profesada al recibir el bautismo y los demás sacramentos, con vuestra correspondencia a los dones recibidos, vosotros habéis enriquecido a la Iglesia universal. Sé que os mantenéis firmes en esta fe católica, resistiendo los embates de sectas o ideologías extrañas a vuestra idiosincrasia y a vuestra tradición. Sed siempre fieles a la Iglesia de Cristo, al mandamiento del amor fraterno y a la reconciliación. Esta es la consigna que hoy os da el Papa”.

Palabras de S.S. Juan Pablo II en el Ángelus del 23 de septiembre de 1987

“Dentro del pluralismo étnico de Estados Unidos, se desarrolla desde hace generaciones el pluralismo confesional (religioso). La Iglesia católica constituye aproximadamente el 23 por ciento del conjunto de los americanos (más de cincuenta millones). Junto a ella, el conjunto de la cristiandad en Estados Unidos está constituido por otras numerosas Iglesias y Comunidades cristianas. El diálogo ecuménico y la colaboración son muy vivos (excepto con algunas comunidades extremistas y con las sectas). Una manifestación del Espíritu que vivifica esta colaboración fue el encuentro que tuvo lugar en Columbia y la oración en común durante la cual pronuncié una homilía dedicada a la familia cristiana”.

Audiencia general del 25 de mayo de 1988

“Entre las necesidades de esta Iglesia hay que poner en primer lugar la falta de sacerdotes. Es necesario subrayar, también, la necesidad de un mayor número de personas consagradas en la vida religiosa. Por ello, es urgente el problema de las vocaciones y de la formación de los jóvenes candidatos a los ministerios bajo la guía de maestros y educadores competentes. Problema tanto más urgente dado que la escasez de sacerdotes facilita indirectamente la penetración de las distintas sectas de origen prevalentemente norteamericano.

Existe en la sociedad latinoamericana un notable capital de religiosidad tradicional, un gran amor a Cristo y a su Madre, una viva adhesión a la Iglesia apostólica. Hay que hacer todo lo posible para que este capital no se derroche, sino que, por el contrario, pueda ulteriormente madurar y fructificar. Es indispensable igualmente instaurar una relación adecuada entre evangelización y progreso social, según el espíritu de la Evangelii nuntiandi”.

Exhortación apostólica postsinodal de S.S. Juan Pablo II Christifideles laici sobre la vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo (diciembre de 1988)

“Enteros países y naciones, en los que en un tiempo la religión y la vida cristiana fueron florecientes y capaces de dar origen a comunidades de fe viva y operativa, están ahora sometidos a dura prueba e incluso alguna que otra vez son radicalmente transformados por el continuo difundirse del indiferentismo, del secularismo y del ateísmo. Se trata, en concreto, de países y naciones del llamado Primer Mundo, en el que el bienestar económico y el consumismo —si bien entremezclado con espantosas situaciones de pobreza y miseria— inspiran y sostienen una existencia vivida «como si no hubiera Dios».

Ahora bien, el indiferentismo religioso y la total irrelevancia práctica de Dios para resolver los problemas, incluso graves, de la vida, no son menos preocupantes y desoladores que el ateísmo declarado. Y también la fe cristiana —aunque sobrevive en algunas manifestaciones tradicionales y ceremoniales— tiende a ser arrancada de cuajo de los momentos más significativos de la existencia humana, como son los momentos del nacer, del sufrir y del morir. De ahí proviene el afianzarse de interrogantes y de grandes enigmas, que, al quedar sin respuesta, exponen al hombre contemporáneo a inconsolables decepciones, o a la tentación de suprimir la misma vida humana que plantea esos problemas.

En cambio, en otras regiones o naciones todavía se conservan muy vivas las tradiciones de piedad y de religiosidad popular cristiana; pero este patrimonio moral y espiritual corre hoy el riesgo de ser desperdigado bajo el impacto de múltiples procesos, entre los que destacan la secularización y la difusión de las sectas. Sólo una nueva evangelización puede asegurar el crecimiento de una fe límpida y profunda, capaz de hacer de estas tradiciones una fuerza de auténtica libertad.

Ciertamente urge en todas partes rehacer el entramado cristiano de la sociedad humana. Pero la condición es que se rehaga la cristiana trabazón de las mismas comunidades eclesiales que viven en estos países o naciones”.

Carta apostólica de S.S. Juan Pablo II Los caminos del evangelio a los religiosos y religiosas de América Latina con motivo del V Centenario de la evangelización del Nuevo Mundo (junio de 1990)

“¡La sal no debe perder su sabor! ¡La vida religiosa no puede dejar de ser testimonio vivo del «Reino de los cielos» prometido a los pobres! «Si la sal se desvirtúa —advierte Jesús— ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera» (Mt 5, 13). Puede suceder a veces que el Pueblo de Dios no siempre encuentre el deseado apoyo en las personas consagradas porque quizá no reflejan suficientemente en sus vidas el fuerte sentido de Dios que deberían transmitir.

Tales situaciones pueden ser ocasión de que muchas personas pobres y sencillas, —como por desgracia está ocurriendo— se conviertan en fácil presa de las sectas, en las que buscan un sentido religioso de la vida que quizá no encuentran en quienes se lo tendrían que ofrecer a manos llenas”.

Carta encíclica de S.S. Juan Pablo II Redemptoris missio sobre la permanente validez del mandato misionero (diciembre de 1990)

“Hoy nos encontramos ante una situación religiosa bastante diversificada y cambiante; los pueblos están en movimiento; realidades sociales y religiosas, que tiempo atrás eran claras y definidas, hoy día se transforman en situaciones complejas. Baste pensar en algunos fenómenos, como el urbanismo, las migraciones masivas, el movimiento de prófugos, la descristianización de países de antigua cristiandad, el influjo pujante del Evangelio y de sus valores en naciones de grandísima mayoría no cristiana, el pulular de mesianismos y sectas religiosas. Es un trastocamiento tal de situaciones religiosas y sociales, que resulta difícil aplicar concretamente determinadas distinciones y categorías eclesiales a las que ya estábamos acostumbrados. Antes del Concilio ya se decía de algunas metrópolis o tierras cristianas que se habían convertido en «países de misión»; ciertamente la situación no ha mejorado en los años sucesivos. […]

La actividad ecuménica y el testimonio concorde de Jesucristo, por parte de los cristianos pertenecientes a diferentes Iglesias y comunidades eclesiales, ha dado ya abundantes frutos. Es cada vez más urgente que ellos colaboren y den testimonio unidos, en este tiempo en el que sectas cristianas y paracristianas siembran confusión con su acción. La expansión de estas sectas constituye una amenaza para la Iglesia católica y para todas las comunidades eclesiales con las que ella mantiene un diálogo. Donde sea posible y según las circunstancias locales, la respuesta de los cristianos deberá ser también ecuménica”.

Palabras de S.S. Juan Pablo II en el Ángelus del 13 de octubre de 1991, en Brasil

“Ayer comenzó el año jubilar de América Latina, importante paso para la celebración del V Centenario de la evangelización de este continente. Las grandes esperanzas que el mundo católico latinoamericano deposita en la reunión de los obispos del año próximo en Santo Domingo atestigua desde ahora el clamor incesante que elevan tantas almas para solicitar una nueva evangelización que influya profundamente en la vida de los fieles y particularmente en su identidad de católicos. Hoy, cuando la vocación cristiana de millones de almas se ve amenazada por el peligro de las sectas, por la violencia de todo tipo —incluida la generada por el tráfico de estupefacientes—, por el consumismo y por las campañas antinatalistas, por no citar otras causas, resulta urgente una reacción vigorosa para volver a los valores morales y culturales de la tradición cristiana de una generación que se prepara para el tercer milenio de la era cristiana”.

Exhortación apostólica postsinodal de S.S. Juan Pablo II Pastores dabo vobis sobre la formación de los sacerdotes en la situación actual (marzo de 1992)

“El deseo de Dios y de una relación viva y significativa con Él se presenta hoy tan intenso, que favorecen, allí donde falta el auténtico e íntegro anuncio del Evangelio de Jesús, la difusión de formas de religiosidad sin Dios y de múltiples sectas. Su expansión, incluso en algunos ambientes tradicionalmente cristianos, es ciertamente para todos los hijos de la Iglesia, y para los sacerdotes en particular, un motivo constante de examen de conciencia sobre la credibilidad de su testimonio del Evangelio, pero es también signo de cuán profunda y difundida está la búsqueda de Dios”.

Palabras de S.S. Juan Pablo II en el Ángelus del 29 de marzo de 1992

“Son numerosos y apremiantes los desafíos que nuestro tiempo presenta a la nueva evangelización: hacen falta más evangelizadores; se han de renovar las estructuras eclesiales; es necesario potenciar la catequesis y profundizar en el conocimiento de la palabra de Dios; urge contrarrestar la expansión y agresividad de las sectas; hay que responder al angustioso clamor de los pobres, de los campesinos de los indios, la vida, desde su concepción en el seno materno hasta su término natural, ha de ser defendida con decisión y valentía”.

Discurso inaugural de S.S. Juan Pablo II en la IV asamblea general del CELAM en Santo Domingo (octubre de 1992)

“A ejemplo del Buen Pastor, habéis de apacentar el rebaño que os ha sido confiado y defenderlo de los lobos rapaces. Causa de división y discordia en vuestras comunidades eclesiales son —lo sabéis bien— las sectas y movimientos «pseudo-espirituales» de que habla el Documento de Puebla (n. 628), cuya expansión y agresividad urge afrontar.

Como muchos de vosotros habéis señalado, el avance de las sectas pone de relieve un vacío pastoral, que tiene frecuentemente su causa en la falta de formación, lo cual mina la identidad cristiana y hace que grandes masas de católicos sin una atención religiosa adecuada —entre otras razones, por falta de sacerdotes—, queden a merced de campañas de proselitismo sectario muy activas. Pero también puede suceder que los fieles no hallen en los agentes de pastoral aquel fuerte sentido de Dios que ellos deberían transmitir en sus vidas. «Tales situaciones pueden ser ocasión de que muchas personas pobres y sencillas, —como por desgracia está ocurriendo— se conviertan en fácil presa de las sectas, en las que buscan un sentido religioso de la vida que quizás no encuentran en quienes se lo tendrían que ofrecer a manos llenas» (Carta Apostólica Los Caminos del Evangelio, 20).

Por otra parte, no se puede infravalorar una cierta estrategia, cuyo objetivo es debilitar los vínculos que unen a los Países de América Latina y minar así las fuerzas que nacen de la unidad. Con este objeto se destinan importantes recursos económicos para subvencionar campañas proselitistas, que tratan de resquebrajar esta unidad católica.

Al preocupante fenómeno de las sectas hay que responder con una acción pastoral que ponga en el centro de todo a la persona, su dimensión comunitaria y su anhelo de una relación personal con Dios, Es un hecho que allí donde la presencia de la Iglesia es dinámica, como es el caso de las parroquias en las que se imparte una asidua formación en la Palabra de Dios, donde existe una liturgia activa y participada, una sólida piedad mariana, una efectiva solidaridad en el campo social, una marcada solicitud pastoral por la familia, los jóvenes y los enfermos, vemos que las sectas o los movimientos para-religiosos no logran instalarse o avanzar.

La arraigada religiosidad popular de vuestros fieles, con sus extraordinarios valores de fe y de piedad, de sacrificio y de solidaridad, convenientemente evangelizada y gozosamente celebrada, orientada en torno a los misterios de Cristo y de la Virgen María, puede ser, por sus raíces eminentemente católicas, un antídoto contra las sectas y una garantía de fidelidad al mensaje de la salvación”.

Discurso de S.S. Juan Pablo II, a la Conferencia Episcopal Guatemalteca en su visita ad limina (marzo de 1994)

“Motivo de particular preocupación, en vuestra solicitud de Pastores, es el avance de las sectas, que siembran confusión entre los fieles y deforman el contenido del mensaje evangélico. Es cierto que las persistentes campañas proselitistas de movimientos y grupos “pseudo-espirituales” –como los define el documento de Puebla (Puebla, 628)– buscan, ante todo, resquebrajar la unidad católica de vuestro pueblo.

Como señalé en el Discurso inaugural de la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, “al preocupante fenómeno de las sectas hay que responder con una acción pastoral que ponga en el centro de todo a la persona, su dimensión comunitaria y su anhelo de una relación personal con Dios. Es un hecho que allí donde la presencia de la Iglesia es dinámica, como es el caso de las parroquias en las que se imparte una asidua formación en la Palabra de Dios, donde existe una liturgia activa y participada, una sólida piedad mariana, una efectiva solidaridad en el campo social, una marcada solicitud pastoral por la familia, los jóvenes y los enfermos, vemos que las sectas o los movimientos para-religiosos no logran instalarse o avanzar (Discurso inaugural de la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, n. 12, Santo Domingo, 12 de octubre de 1992)”.

Discurso de S.S. Juan Pablo II a los participantes en el IV Congreso Internacional de la Pastoral para los Gitanos (junio de 1995)

“La Iglesia, sensible y atenta al mundo de los gitanos, recuerda que la vocación a la santidad es universal. El testimonio de Ceferino Giménez Malla, gitano y cristiano heroico hasta el punto de que dio su vida, constituye un magnífico ejemplo. En nuestros tiempos el pueblo gitano atraviesa un período de fuerte readaptación de sus tradiciones y por eso debe ahora afrontar el peligro de un resquebrajamiento de su vida comunitaria. Es importante que la fe cristiana se vuelva a presentar con vigor y firmeza. Hace falta una nueva evangelización dirigida a cada uno de sus miembros como a una porción amada del pueblo de Dios peregrinante, para ayudarle a superar la doble tentación de encerrarse en sí mismo, buscando refugio en las sectas, o perder su patrimonio religioso en un materialismo que ahoga toda referencia a lo divino”.

Exhortación apostólica postsinodal de S.S. Juan Pablo II Ecclesia in Africa sobre la Iglesia en África y su misión evangelizadora hacia el año 2000 (septiembre de 1995)

“La Iglesia en África, para ser evangelizadora, debe comenzar «por evangelizarse a sí misma… Tiene necesidad de escuchar sin cesar lo que debe creer, las razones para esperar, el mandamiento nuevo del amor. Pueblo de Dios inmerso en el mundo y, con frecuencia, tentado por los ídolos, necesita saber proclamar las grandezas de Dios».

Hoy en África «la formación de la fe… ha quedado muy frecuentemente en el estadio elemental, y las sectas obtienen fácilmente ventajas de esta ignorancia» (Discurso a la Conferencia episcopal de Camerún, 1985). Por esto es urgente una seria profundización de la fe, porque la rápida evolución de la sociedad ha hecho surgir nuevos desafíos, vinculados en particular a los fenómenos de desarraigo familiar, urbanización, desocupación, así como a las múltiples seducciones materialistas, a una cierta secularización y a una especie de trauma intelectual que provoca la avalancha de ideas insuficientemente cribadas, difundidas por los medios de comunicación social”.

Exhortación apostólica postsinodal de S.S. Juan Pablo II Vita consecrata sobre la vida consagrada y su misión en la Iglesia y en el mundo (marzo de 1996)

“Los que abrazan la vida consagrada, hombres y mujeres, son por la naturaleza misma de su opción interlocutores privilegiados de aquella búsqueda de Dios, cuya presencia aletea siempre en el corazón humano, llevándolo a múltiples formas de ascesis y de espiritualidad. Esta búsqueda aparece hoy con insistencia en muchas regiones, precisamente como respuesta a culturas que tienden, si no a negar del todo, sí a marginar la dimensión religiosa de la existencia. Las personas consagradas, viviendo con coherencia y en plenitud los compromisos libremente asumidos, pueden ofrecer una respuesta a los anhelos de sus contemporáneos, rescatándolos de soluciones que son generalmente ilusorias y que niegan frecuentemente la encarnación salvífica de Cristo (cf. 1 Jn 4, 2-3), como son, por ejemplo, las propuestas por las sectas.

Practicando una ascesis personal y comunitaria que purifica y transforma toda la existencia, las personas consagradas, contra la tentación del egocentrismo y la sensualidad, dan testimonio de las características que revisten la auténtica búsqueda de Dios, advirtiendo del peligro de confundirla con la búsqueda sutil de sí mismas o con la fuga en la gnosis. Toda persona consagrada está comprometida a cultivar el hombre interior, que no es ajeno a la historia ni se encierra en sí mismo. Viviendo en la escucha obediente de la Palabra, de la cual la Iglesia es depositaria e intérprete, encuentra en Cristo sumamente amado y en el Misterio trinitario el objeto del anhelo profundo del corazón humano y la meta de todo itinerario religioso sinceramente abierto a la trascendencia. Por eso las personas consagradas tienen el deber de ofrecer con generosidad acogida y acompañamiento espiritual a todos aquellos que se dirigen a ellas, movidos por la sed de Dios y deseosos de vivir las exigencias de su fe”.

Mensaje de S.S. Juan Pablo II a los jóvenes cubanos (enero de 1998)

“¿Qué puedo decirles yo a Ustedes, jóvenes cubanos, que viven en condiciones materiales con frecuencia difíciles, en ocasiones frustrados en sus propios y legítimos proyectos y, por ello, a veces privados incluso de algún modo de la misma esperanza? Guiados por el Espíritu, combatan con la fuerza de Cristo Resucitado para no caer en la tentación de las diversas formas de fuga del mundo y de la sociedad; para no sucumbir ante la ausencia de ilusión, que conduce a la autodestrucción de la propia personalidad mediante el alcoholismo, la droga, los abusos sexuales y la prostitución, la búsqueda continua de nuevas sensaciones y el refugio en sectas, cultos espiritualistas alienantes o grupos totalmente extraños a la cultura y a la tradición de su Patria”.

Homilía de S.S. Juan Pablo II en Siedlce (Polonia, junio de 1999)

“Hoy, más que nunca, hace falta un auténtico testimonio de fe, que se manifieste en la vida de los discípulos laicos de Cristo: mujeres y hombres, jóvenes y ancianos. Hace falta un decidido testimonio de fidelidad a la Iglesia y de responsabilidad frente a la Iglesia, que desde hace veinte siglos lleva a todo pueblo y a toda nación la salvación, anunciando la inmutable doctrina del Evangelio. La humanidad se encuentra ante dificultades de varias clases, ante problemas y transformaciones muy fuertes; muchas veces experimenta dramáticos sobresaltos y laceraciones. En ese mundo, muchos, especialmente jóvenes, quedan desconcertados y heridos. Algunos caen víctimas de las sectas y de deformaciones religiosas, o de manipulaciones de la verdad. Otros sucumben a diversas formas de esclavitud. Se difunden actitudes de egoísmo, injusticia e insensibilidad ante las necesidades ajenas”.

Exhortación apostólica postsinodal de S.S. Juan Pablo II Ecclesia in America sobre el encuentro con Jesucristo vivo, camino para la conversión, la comunión y la solidaridad en América (noviembre de 1999)

“Si bien el Concilio Vaticano II se refiere a todos los bautizados y creyentes en Cristo «como hermanos en el Señor», es necesario distinguir con claridad las comunidades cristianas, con las cuales es posible establecer relaciones inspiradas en el espíritu del ecumenismo, de las sectas, cultos y otros movimientos pseudoreligiosos. […]

La acción proselitista, que las sectas y nuevos grupos religiosos desarrollan en no pocas partes de América, es un grave obstáculo para el esfuerzo evangelizador. La palabra «proselitismo» tiene un sentido negativo cuando refleja un modo de ganar adeptos no respetuoso de la libertad de aquellos a quienes se dirige una determinada propaganda religiosa. La Iglesia católica en América censura el proselitismo de las sectas y, por esta misma razón, en su acción evangelizadora excluye el recurso a semejantes métodos. Al proponer el Evangelio de Cristo en toda su integridad, la actividad evangelizadora ha de respetar el santuario de la conciencia de cada individuo, en el que se desarrolla el diálogo decisivo, absolutamente personal, entre la gracia y la libertad del hombre.

Ello ha de tenerse en cuenta especialmente respecto a los hermanos cristianos de Iglesias y Comunidades eclesiales separadas de la Iglesia católica, establecidas desde hace mucho tiempo en determinadas regiones. Los lazos de verdadera comunión, aunque imperfecta, que, según la doctrina del Concilio Vaticano II, tienen esas comunidades con la Iglesia católica, deben iluminar las actitudes de ésta y de todos sus miembros respecto a aquéllas. Sin embargo, estas actitudes no han de poner en duda la firme convicción de que sólo en la Iglesia católica se encuentra la plenitud de los medios de salvación establecidos por Jesucristo.

Los avances proselitistas de las sectas y de los nuevos grupos religiosos en América no pueden contemplarse con indiferencia. Exigen de la Iglesia en este Continente un profundo estudio, que se ha de realizar en cada nación y también a nivel internacional, para descubrir los motivos por los que no pocos católicos abandonan la Iglesia. A la luz de sus conclusiones será oportuno hacer una revisión de los métodos pastorales empleados, de modo que cada Iglesia particular ofrezca a los fieles una atención religiosa más personalizada, consolide las estructuras de comunión y misión, y use las posibilidades evangelizadoras que ofrece una religiosidad popular purificada, a fin de hacer más viva la fe de todos los católicos en Jesucristo, por la oración y la meditación de la palabra de Dios.

A nadie se le oculta la urgencia de una acción evangelizadora apropiada en relación con aquellos sectores del Pueblo de Dios que están más expuestos al proselitismo de las sectas, como son los emigrantes, los barrios periféricos de las ciudades o las aldeas campesinas carentes de una presencia sistemática del sacerdote y, por tanto, caracterizadas por una ignorancia religiosa difusa, así como las familias de la gente sencilla afectadas por dificultades materiales de diverso tipo. También desde este punto de vista se demuestran sumamente útiles las comunidades de base, los movimientos, los grupos de familias y otras formas asociativas, en las cuales resulta más fácil cultivar las relaciones interpersonales de mutuo apoyo, tanto espiritual como económico.

Por otra parte, como señalaron algunos Padres sinodales, hay que preguntarse si una pastoral orientada de modo casi exclusivo a las necesidades materiales de los destinatarios no haya terminado por defraudar el hambre de Dios que tienen esos pueblos, dejándolos así en una situación vulnerable ante cualquier oferta supuestamente espiritual. Por eso, «es indispensable que todos tengan contacto con Cristo mediante el anuncio kerigmático gozoso y transformante, especialmente mediante la predicación en la liturgia». Una Iglesia que viva intensamente la dimensión espiritual y contemplativa, y que se entregue generosamente al servicio de la caridad, será de manera cada vez más elocuente testigo creíble de Dios para los hombres y mujeres en su búsqueda de un sentido para la propia vida. Para ello es necesario que los fieles pasen de una fe rutinaria, quizás mantenida sólo por el ambiente, a una fe consciente vivida personalmente. La renovación en la fe será siempre el mejor camino para conducir a todos a la Verdad que es Cristo.

Para que la respuesta al desafío de las sectas sea eficaz, se requiere una adecuada coordinación de las iniciativas a nivel supradiocesano, con el objeto de realizar una cooperación mediante proyectos comunes que puedan dar mayores frutos”.

Discurso de S.S. Juan Pablo II a varias peregrinaciones jubilares (diciembre de 2000)

“El jubileo está a punto de terminar. Es importante que en esta etapa final del itinerario jubilar todo creyente ponga un empeño más intenso en la purificación y el fortalecimiento de su fe frente a los peligros y las insidias que pueden amenazarla en nuestro tiempo. Y, entre las insidias, ¿acaso no figuran también esas formas aberrantes del sentimiento religioso, que se aprovechan de las necesidades y de las aspiraciones más profundas del alma humana, proponiendo perspectivas ilusorias y falaces de satisfacción? Por desgracia, numerosas familias se ven afectadas por este triste problema, a causa de la implicación de alguno de sus miembros, en particular de los hijos, a menudo más débiles y más expuestos a esos peligros.

Desde hace tiempo la Iglesia sigue con preocupación esas problemáticas, que tocan el corazón de la vida de los cristianos. La difusión de las “sectas” debe constituir para los creyentes un estímulo a profundizar sus convicciones de fe. Sólo con un testimonio más fuerte de los valores cristianos y una intensa renovación del compromiso pastoral se puede responder adecuadamente a ese desafío. Sólo una fe profunda y vivida con coherencia constituye un antídoto eficaz contra esas desviaciones tan peligrosas del sentimiento y de la práctica religiosa”.

Exhortación apostólica postsinodal de S.S. Juan Pablo II Ecclesia in Oceania sobre Jesucristo y los pueblos de Oceanía: andar su camino, decir su verdad, vivir su vida (noviembre de 2001)

“El ecumenismo debe distinguirse del acercamiento de la Iglesia a grupos y movimientos religiosos fundamentalistas, algunos de los cuales son cristianos en su inspiración. En algunas zonas de misión los obispos están preocupados por el efecto que esos grupos religiosos o sectas están teniendo en la comunidad católica. Algunos grupos basan sus ideas en una lectura de la Escritura, a menudo empleando imágenes apocalípticas, amenazas de un futuro oscuro para el mundo y promesas de recompensas económicas a sus seguidores.

Mientras algunos de estos grupos son abiertamente hostiles a la Iglesia, otros desean entablar un diálogo. En sociedades más desarrolladas y secularizadas, crece la preocupación por los grupos cristianos fundamentalistas que arrastran a los jóvenes alejándolos de la Iglesia e incluso de sus familias. Muchos movimientos diversos ofrecen alguna forma de espiritualidad como supuesto remedio para los efectos dañinos de una cultura tecnológica alienante en la que la gente a menudo se siente impotente.

La presencia y actividad de estos grupos y movimientos son un desafío a la Iglesia para revitalizar su pastoral con los alejados, y en particular para ser más acogedora con los jóvenes y aquellas personas con graves necesidades espirituales o materiales. Es también una situación que reclama una mejor catequesis bíblica y sacramental, y una formación litúrgica y espiritual apropiada. Además es necesaria una nueva apologética siguiendo las palabras de San Pedro: “estad preparados para dar razones de vuestra esperanza (1 Pe 3,15). De este modo, los creyentes confiarán más en su fe católica y serán menos susceptibles al encanto de estos grupos y movimientos, que con frecuencia dan todo lo contrario a lo que prometen”. [Traducción propia del inglés]

Discurso de S.S. Juan Pablo II, al undécimo grupo de obispos brasileños en su visita ad limina (enero de 2003)

“El fenómeno de las sectas, que también en vuestras tierras se está difundiendo con incidencia intermitente de zona a zona y con señales acentuadas de proselitismo entre las personas más débiles social y culturalmente, ¿no es un signo concreto de una insatisfecha aspiración a lo sobrenatural? ¿No constituye para vosotros, pastores, un auténtico desafío a renovar el estilo de acogida dentro de las comunidades eclesiales y un estímulo apremiante a una nueva y valiente evangelización, que desarrolle formas adecuadas de catequesis, sobre todo para los adultos?

Sabéis bien que, en la base de esta difusión, hay también muchas veces una gran falta de formación religiosa con la consiguiente indecisión acerca de la necesidad de la fe en Cristo y de la adhesión a la Iglesia instituida por él. Se tiende a presentar las religiones y las varias experiencias espirituales como niveladas en un mínimo común denominador, que las haría prácticamente equivalentes, con el resultado de que toda persona sería libre de recorrer indiferentemente uno de los muchos caminos propuestos para alcanzar la salvación deseada. Si a esto se suma el proselitismo audaz, que caracteriza a algún grupo particularmente activo e invasor de estas sectas, se comprende de inmediato cuán urgente es hoy sostener la fe de los cristianos, dándoles la posibilidad de una formación religiosa permanente, para profundizar cada vez mejor su relación personal con Cristo.

Debéis esforzaros principalmente por prevenir ese peligro, consolidando en los fieles la práctica de la vida cristiana y favoreciendo el crecimiento del espíritu de auténtica fraternidad en el seno de cada una de las comunidades eclesiales. […]

La celebración del V centenario de la evangelización de Brasil proporcionó también la ocasión para renovar el compromiso en favor de la evangelización de las comunidades indígenas del país. El Evangelio debe seguir penetrando en la cultura indígena, y hacer posible su expresión en la vida comunitaria, en la fe y en la liturgia. Aprovecho la ocasión para reafirmar aquí que una Iglesia viva y unida en torno a sus pastores será la mejor defensa para afrontar la obra disgregadora que ciertas sectas están realizando en  medio  de vuestros fieles, sembrando entre ellos la confusión y desvirtuando el contenido del mensaje cristiano”.

Exhortación apostólica postsinodal de S.S. Juan Pablo II Ecclesia in Europa sobre Jesucristo vivo en su Iglesia y fuente de esperanza para Europa (junio de 2003)

“Al mismo tiempo, mientras expreso junto con los Padres sinodales mi gran estima por la presencia y la acción de muchas asociaciones y organizaciones apostólicas y, en particular, de la Acción Católica, deseo hacer notar la contribución específica que, en comunión con las otras realidades eclesiales y nunca de manera aislada, pueden ofrecer los nuevos movimientos y las nuevas comunidades eclesiales. En efecto, éstos últimos «ayudan a los cristianos a vivir más radicalmente según el Evangelio; son cuna de diversas vocaciones y generan nuevas formas de consagración; promueven sobre todo la vocación de los laicos y la llevan a manifestarse en los diversos ámbitos de la vida; favorecen la santidad del pueblo; pueden ser anuncio y exhortación para quienes, de otra manera, no se encontrarían con la Iglesia; con frecuencia apoyan el camino ecuménico y abren cauces para el diálogo interreligioso; son un antídoto contra la difusión de las sectas; son una gran ayuda para difundir vivacidad y alegría en la Iglesia» (Propositio 21). […]

Junto con muchos ejemplos de fe genuina, hay también en Europa una religiosidad vaga y, a veces, desencaminada. Sus manifestaciones son frecuentemente genéricas y superficiales, en ocasiones incluso contrastantes en las personas mismas de las que proceden. Hay fenómenos claros de fuga hacia el espiritualismo, el sincretismo religioso y esotérico, una búsqueda de acontecimientos extraordinarios a todo coste, hasta llegar a opciones descarriadas, como la adhesión a sectas peligrosas o a experiencias pseudoreligiosas.

El deseo difuso de alimento espiritual ha de ser acogido con comprensión y purificado. Al hombre que se percata, aunque sea confusamente, de no poder vivir sólo de pan, la Iglesia ha de presentarle de modo convincente la respuesta de Jesús al tentador: «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt 4, 4)”.

Homilía de S.S. Juan Pablo II en la Misa con tres parroquias romanas (marzo de 2004)

“La zona de Palmarola, relativamente menos grande que otros sectores de la diócesis, cuenta con tres parroquias. Deseo de corazón que, también gracias a nuestro encuentro, se refuerce en todos los feligreses el anhelo de la comunión, para que resulte más eficaz el anuncio del Evangelio a los habitantes del barrio. También en la zona donde vivís se ha difundido, por desgracia, el fenómeno de las «sectas» modernas, que intentan aprovecharse especialmente de quienes se encuentran en situaciones de dificultad y soledad. En este contexto, es necesario llevar a cabo una labor de nueva evangelización fuerte y valiente. Es preciso que Jesús, centro del cosmos y de la historia, se encuentre con todo ser humano, porque en el misterio de la Redención «el problema del hombre está inscrito con una fuerza especial de verdad y de amor» (Redemptor hominis, 18)”.

Mensaje de S.S. Juan Pablo II en el Centenario de la Coronación de la Virgen Aparecida (julio de 2004)

Ayudad, pues, a los fieles a vivir su devoción mariana como un claro y valiente testimonio de amor a Cristo, que manifieste la identidad personal y comunitaria de los católicos, contra el peligro del secularismo y del consumismo, y al mismo tiempo favorezca en las familias la práctica de las virtudes cristianas. De igual modo, esta devoción ayudará a consolidar los vínculos de comunión con los pastores de la Iglesia de Cristo, afrontando la disgregación de la fe, fomentada tantas veces por el proselitismo de las sectas. La historia enseña que María es la verdadera salvaguardia de la fe; en toda crisis, la Iglesia se reúne en torno a ella. Sólo así los discípulos del Señor podrán ser para los demás sal de la tierra y luz del mundo (cf. Mt 5, 13-14).

Fuente: http://www.apostolesdelapalabra.org/juan-pablo-ii-y-las-sectas/