sábado, 3 de septiembre de 2011

Seis mitos de los testigos de Jehová (3). Tercer mito: “Solamente 144 mil justos van al cielo”.

 

Seis mitos de los testigos de Jehová (3)

ago 04, 2011 con Comentarios 4

Tercer mito: “Solamente 144 mil justos van al cielo”.

Formulación del mito: Según los testigos de Jehová, existen dos posibles destinos para los justos: el cielo, reservado a 144 mil justos, y la tierra, que será convertida en un paraíso, donde vivirán eternamente la mayoría de los justos, bajo el gobierno de Dios y de los 144 mil que residirán en el cielo.

Otra formulación del mito: “Existe la clase terrestre y la clase celestial o ungida”.

Origen del mito: Se debe a una mala interpretación de la Biblia, especialmente de textos del Antiguo Testamento, en lo que se refiere a la recompensa futura para los justos. ¿Qué dice la Biblia?

1. La Biblia habla de una separación entre malos y buenos.

Así pasará al final de los tiempos: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los buenos y los arrojarán al horno ardiente. Allí será el llorar y el rechinar de dientes (Mt 13, 49-50).

2. Los malos irán al castigo eterno y los buenos a la vida eterna.

Entonces el rey dirá a los de la derecha: Vengan, benditos de mi Padre, a recibir el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. (…) Dirá después a los que estén a la izquierda: «¡Malditos, aléjense de mí y vayan al fuego eterno, que ha sido preparado para el diablo y para sus ángeles! (…) Y éstos irán a un suplicio eterno, y los buenos a la vida eterna.» (Mt 25, 34.41.45-46).

3. No se habla de una separación entre buenos y buenos.

Las parábolas del Reino presentes en Mt 13 (la parábola del trigo y la cizaña = Mt 13, 24-30 y la parábola de la red = Mt 13, 47-50) señalan la separación entre buenos y malos, entre los justos y los pecadores que no tienen ninguna disposición a convertirse. No hay indicio en la Biblia de que existan cristianos de primera y de segunda clase, con un destino eterno distinto.

4. Estamos llamados a una única esperanza, a una única vocación y a un solo destino.

Los capítulos 2 y 3 del libro del Apocalipsis son enfáticos al señalar un único destino para los que son fieles a Jesús: se les permitirá comer del árbol de la vida que está en el paraíso de Dios (Ap 2, 7); no padecerán la segunda muerte (Ap 2, 11b); recibirán el poder que Jesús recibió de su Padre (Ap 2, 26-28); sus nombres no serán borrados del libro de la vida (Ap 3, 5); serán columnas en el templo de Dios (Ap 3, 12); se sentarán en el trono de Jesús, junto a Él (Ap 3, 21), etc.

Se trata de imágenes para describir la vida eterna, el acceso a la Jerusalén celestial, a la salvación. En este mismo sentido se puede presentar la parábola de los trabajadores de la viña (Mt 20, 1-16), que habla sobre la recompensa que espera a los que dejan todo para seguir a Jesús: se trata de un don, de un regalo inmerecido, que es igual para todos. De hecho, aunque los trabajadores fueron llamados a distinta hora, todos recibieron el mismo salario. Mejor aún, la Sagrada Escritura afirma enfáticamente que todos los que creemos en Cristo hemos sido llamados a una misma esperanza:

Mantengan entre ustedes lazos de paz y permanezcan unidos en el mismo espíritu: un solo cuerpo y un mismo espíritu, pues ustedes han sido llamados a una misma vocación y una misma esperanza (Ef 4, 3-4).

5. Nuestra patria no está aquí: ¡Está en el cielo!

Es cierto que en el Antiguo Testamento el objeto de la promesa era la posesión de la tierra en la que el pueblo gozaría de una existencia libre según la justicia (Dt 6, 20-25), con descendencia numerosa, prosperidad económica y larga vida. Sin embargo, ya los salmos nos hacen entrever un cambio de perspectiva:

Pero yo siempre estaré contigo, tú agarras mi mano derecha… ¿No te tengo a ti en el cielo?; y contigo, ¿qué me importa la tierra?… Para mí lo bueno es estar junto a Dios (Sal 73, 23.25.28).

Por eso, en la Nueva Alianza el objeto de la promesa es el reino de los cielos, la vida eterna,

la patria celestial.

Quienes así razonan demuestran que están buscando una patria. Pero si hubieran sentido nostalgia de lo que abandonaron, podrían haber vuelto allá. Por el contrario, aspiraban a una mejor, es decir, a la patria celestial. Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios, porque les había preparado una ciudad (Hb 11, 14-16).

Esto se lo decimos apoyados en la Palabra del Señor: los que quedemos vivos hasta la venida del Señor, no nos adelantaremos a los ya muertos; porque el Señor mismo, al sonar una orden, a la voz del arcángel y al toque de la trompeta divina, bajará del cielo; entonces resucitarán primero los que murieron en Cristo; después nosotros, los que quedemos vivos, seremos llevados juntamente con ellos al cielo sobre las nubes, al encuentro del Señor; y así estaremos siempre con el Señor (1Tes 4, 15-17).

En este pasaje, san Pablo habla de la parusía, de la Segunda Venida del Señor, y no habla de que sólo 144 mil irán al cielo. Señala que los que estén todavía vivos, se reunirán juntamente con los que resuciten y serán llevados junto a ellos al cielo. Así el Señor cumplirá plenamente lo que nos prometió -a todos- en la Última Cena:

En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así lo habría dicho, porque voy a prepararles un lugar. Cuando haya ido y les tenga preparado un lugar, volveré para llevarlos conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes (Jn 14, 2-3).

6. ¡Somos ciudadanos del cielo!

De hecho, la Biblia señala lo siguiente:

«Nosotros somos ciudadanos del Cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo» (Fil 4,1).

Así, pues, la creencia de una futura separación entre buenos y buenos es un mito. No es una verdad presente en la Biblia.

Verdad: La Biblia habla de una separación entre malos y buenos; no entre buenos y buenos. Y promete la patria celestial, no un paraíso en la tierra.

«Sabemos de hecho que cuando sea destruido este cuerpo, nuestra habitación en la tierra, recibiremos una habitación de Dios, una morada eterna, no construida por las manos del hombre, en los cielos» (2 Cor 5, 1).

«Ni ojo vio, ni oído oyó, ni pasó por pensamiento de hombre cuáles cosas tiene Dios preparadas para los que le aman» (1 Cor 2, 9).

Con relación al Paraíso terrenal, ya lo contemplaron y disfrutaron nuestros primeros padres.

Así, pues, según la Biblia: ¡Usted puede vivir para siempre en el paraíso celestial!

FUENTE: http://www.apostolesdelapalabra.org/seis-mitos-de-los-testigos-de-jehova-3/